Ella van a divertirse y entrenar sin importar resultados o competencias oficiales. Y la pasan realmente bien. En el Microestadio, miércoles y sábados el voley no se fija en edades y muchas madres lo practican con muchísimo entusiasmo.
Algunas jugaban de más chicas y jamás perdieron el gusto por el deporte. Otras se fueron sumando por llevar a sus hijos a la Escuelita de Fútbol o a voley, ver algunos entrenamientos y tentarse.
Más de veinte mujeres de diversas edades buscan mejorar técnicamente en cada clase bajo la atenta mirada de la entrenadora Verónica Montepeluso, jugadora de Banfield en División de Honor.
“Trato de adaptar entrenamientos que nos dan a nosotras para hacerlos con ellas, hay muchas chicas con buenas condiciones, trato de enseñarles desde mi experiencia y que ellas la pasen bien”, cuenta Montepeluso. Y sin dudas lo logra. La sonrisa predomina en cada ejercicio, y aunque los partidos es lo que realmente disfrutan, no se deprimen cuando hay que hacer ejercicios físicos.
“De ellas aprendo muchísimo. Si bien es un grupo recreativo se lo toman muy en serio y es sorprendente las ganas que le ponen para jugar. No dan una pelota por perdida y tienen mucha responsabilidad, además de darse entre ellas mismas mucho aliento para que las cosas salgan mejor”, resume la entrenadora, quien asegura que disfruta cada uno de los entrenamientos por la energía que contagian las madres.
Y ellas no están solas. Es común ver en las prácticas algunos chicos esperando a un costado o jugando con pelotas, mientras sus madres realizan la clase. Así como las madres llevan a sus hijos a los entrenamientos, aquí los roles se invierten y son los hijos los que esperan el horario para volver a casa. “Lo más gracioso es cuando los chiquitos las retan y les controlan los ejercicios físicos.
A los nenes les gusta ver a sus madres practicando voley”, resume Montepeluso, en otra clara muestra del distendido clima que predomina en las clases.