A horas del choque más esperado, uno de los que más lo vivirá desde lo emocional será Ezequiel Carboni, quien tuvo un pasado en el club rival, pero siempre confesó ser hincha del Taladro.
“No reniego nunca de mi pasado, pero hoy estoy muy contento del club al cual defiendo. No me canso de decir que yo elegí venir a Banfield y estoy muy feliz”, confiesa.
El volante habla de lo que viene: “Al no tener otros objetivos cercanos, sería consolidar este camino y este buen juego que arrancamos con La Volpe hace dos meses”.
“Es el clásico del sur y la gente quiere ganar. Todos tenemos que poner un granito de arena para que la gente vaya a la cancha sin violencia”, remarca.
Una de las características más marcadas del Taladro es salir jugado desde el fondo y habitualmente es Ezequiel el que retrocede para arrancar la jugada.
Por eso es voz autorizada para hablar del tema: “La idea es crear superioridad numérica. Si un equipo te presiona seguramente atrás deja un mano a mano. Ricardo (La Volpe) no dice que movimiento tiene que hacer cada uno para que quede libre y recibir, pero tampoco somos tontos”.
“Cuando te presionan bien hay que pegarle para arriba y ganar el rebote. Si bien la propuesta es esa, si un equipo te presiona bien no podemos arriesgar. El jugador tiene que ser inteligente y resolver en el momento”, cuenta.
Con experiencia en el fútbol del exterior, Carboni optó por volver al medio local después de seis temporadas jugando en Austria e Italia.
“Después de seis años de estar afuera y teniendo la posibilidad de quedarme, tenía en la cabeza volver. Tengo 32 años, me quería retirar acá y por eso fue la decisión un poco en contra de todo. En contra de mi familia, de mi representante, de todo. Mi idea era volver y lo estoy disfrutando”, cuenta el Kely.
Además, el volante marcó la diferencia con el fútbol argentino: “Se corre mucho y eso hace que los equipos no estén tan ordenados, los esquemas son más para defenderse o para correr. La diferencia con Europa es esa, el orden.”
A su vez, Ricardo La Volpe marcó un antes y un después desde que llegó a Banfield. Con una forma de ser bastante peculiar, se ha ganado el respeto de sus jugadores, los que continuamente remarcan el cambio que produjo.
“Dentro de la cancha, cuando arranca el entrenamiento es una persona. Concentrado, dando indicaciones y de una manera seca por su forma de ser. Después, queres hablar con él es otra persona. Te puede dar un consejo, se puede hablar lo más bien”, cuenta Carboni.
La clave estuvo en comprender su temperamento: “Nos chocó un poco al principio, pero lo entendimos. Más allá del resultado positivo, lo que quiere se ve en el campo. Trata de inculcar la idea que tiene. La repite y repite y repite. Quizás tiene cosas que no caen bien, pero está todo dentro del juego y de lo que uno vivió”.
“Tal vez a un chico joven le choca un poquito porque tiene una manera de decir un poco diferente. Sabemos como es, lo entendimos, estamos todos en un mismo barco y queremos sacar a Banfield adelante”, remarca.