Durante la semana la expectativa era grande. Todos sabían que la gente del campeón iba a estar a la altura de las circunstancias, pero nadie imaginaba cual iba a ser la forma en la que se iba a expresar el cariño hacia Banfield.
2-0 fue dentro de la cancha. ¿Y fuera? Diría al menos 5-0, por traer a la mente aquel 8 de marzo de 2008, pero es un decir, porque la diferencia fue aún mayor.
Pasadas las 15 las puertas del “Lencho” Sola se abrieron y los primeros hinchas se ubicaron en la tribuna y empezaron a cantar “soy de Banfield” y “dale campeón”. Además, se estrenó una gigantografía gigante que cubría el antiguo tablero de los resultados.
El marco fue el ideal, a tono con el desafío de representar en las tribunas al campeón del fútbol argentino, pero el resultado fue claro: Banfield ganó por goleada.
Papelitos, cintas verde y blancas, globos, banderas fueron parte de la tarde, recibiendo al equipo con un marco espectacular aportado por los hinchas del “Taladro”, que alentaron, cantaron y aplaudieron a todos.
El primer ovacionado con sus lujos fue Erviti, pero pronto se contagiaron sus compañeros, por eso no extrañó el grito ensordecedor del “olé-olé” cuando el mediocampo tocaba una y otra vez. Así llegó el segundo gol, como la frutilla del postre de una tarde ideal.